Nunca había visto el mar así.
El cielo estaba cubierto de negros nubarrones y las gotas de lluvia golpeaban la inestable superficie de esa enorme masa de agua salada.
Llovía sobre mojado.
Acostumbrada a ver el mar en calma de los días de verano, con los rayos de sol aclarando las aguas y tiñéndolas de una hermosa tonalidad turquesa, sentí un ápice de temor al verlo así: oscuro; casi negro. Revuelto; mortecino y al mismo tiempo repleto de vida. Más inmenso que nunca. Y más peligroso.
Nunca hasta ese momento había sido consciente de su peligrosidad, de su falsa calma que en un breve instante puede convertirse en una gigantesca ola embravecida y furiosa, que te atrapa, absorbe, engulle... ahoga.
¿Es quizá el mar un lobo con piel de cordero? Deja que nos confiemos, nos ciega con su belleza y lo enigmático de sentirlo infinito. Pero cuando menos lo esperas, puede engullirte para siempre.
Entre sus aguas navegan las almas errantes de quienes en perecido en ellas.
Pero pese a todo, lo seguimos amando. El mar sigue atrayéndonos como un imán. Seguimos necesitando respirar su aroma y sentir en nuestra piel la frescura de sus aguas y la calidez de su brisa.
Quienes hemos nacido en su orilla, sentimos correr por nuestras venas el agua salada y cada vez que nos alejamos, sólo soñamos con volver a escuchar el rompimiento de las olas al morir en la arena.
Nos da la vida, al mismo tiempo que tiene el poder de quitárnosla; es el Dios de los que han perdido la fe.
Ese negro día de tormenta, el mar me dio miedo.
Y sin embargo, nunca me pareció tan bello.
viernes, 9 de noviembre de 2012
jueves, 4 de octubre de 2012
Orígenes
Érase una vez, una chica soñadora y con una imaginación desbordante, a la que le encantaba escribir. Siempre iba cargada con su cuadernillo de dibujo, unos lápices y un cuaderno en blanco, por si en cualquier momento y en el lugar más insospechado, le venía la inspiración y necesitaba dar vida a las historias que pululaban por su mente, mediante ilustraciones en carboncillo y letras de caligrafía redonda.
La chica a veces soñaba con ser escritora, especialmente para dar finales felices a las películas más tristes o a los cuentos inacabados. Por eso cada día inventaba un nuevo relato que no solía ocupar más de cuatro o cinco hojas de cuaderno; luego lo releía y guardaba el cuadernillo en un cajón para evitar que alguien lo leyera. Y a veces pensaba "¿cómo voy a ser escritora si no permito que nadie lea lo que escribo?" pero le avergonzaba profundamente que su familia o amigos conocieran su afición, pues aquellos personajes que su mente creaba, eran una proyección de sí misma; un reflejo de sus sentimientos, pensamientos y mayores temores.
Su increíble timidez le impedía mostrarse orgullosa de sus relatos y prefería mantenerlos ocultos y vivir siempre con el miedo de que vieran la luz... hasta que la tecnología informática entró en su vida y una pantalla y un teclado sustituyeron las hojas y los lápices y sus historias se encontraron a salvo de miradas indiscretas.
Y así fue como, gracias a su rápido mecanografiar, comenzó a escribir historias más largas y a crear personajes tan importantes para ella, que a veces sentían que formaban parte de su vida. Historias de misterio, de amor, de terror, cualquier temática tenía su lugar reservado en una carpeta llamada "trazos literarios".
Poco a poco fue venciendo su timidez y de vez en cuando, permitía que alguien leyera algún pequeño fragmento de sus obras o un simple capítulo. Las alabanzas de sus lectores le ayudaban a creerse que realmente escribía bien y poco a poco fue mostrándose orgullosa de algunos de sus mejores personajes y cuentos.
Un día, Internet y las series de culto aparecieron en su vida y descubrió un mundo completamente desconocido para ella: los fanfictions. Pequeños relatos basados en alguna serie, libro o película, que permitían a los aficionados llevar a los personajes de sus libros o series favoritas, por el camino que a ellos les hubiese gustado y que los guionistas o escritores, jamás habían planeado. Esa chica comenzó a escribir sobre personajes de otros y gracias al anonimato de la red, podía publicar sus relatos en páginas especializadas, sin temor a ponerse roja como un tomate, si sus conocidos descubrían su afición.
Así estuvo durante años, escribiendo unos relatos de ficción que ganaron algunos seguidores y cuyas buenas (y a veces malas) críticas, la animaron a no dejar nunca de escribir, unas veces con personajes prestados, otras con los suyos propios.
Y un día, la chica decidió que ya no le avergonzaba que los demás supieran de su afición y se embarcó en la tarea de crearse su pequeño rinconcito literario, un lugar donde poder expresarse libremente y echar a volar su imaginación, puesto que seguía albergando la esperanza de convertirse en una verdadera escritora algún día.
Se inició en la aventura del mundo blogueril, desde un Trastero que le permitió llegar hasta gente maravillosa, que de otro modo jamás hubiera conocido y que permitió que sus historias llegasen a continentes que jamás había pisado.
Ese Trastero fue abandonado cuando la escritura dejó de ser su pasión para convertirse en opresión, porque las musas se habían adormecido y su mente sólo era capaz de retener los sinsabores de la realidad que la rodeaba... pero un buen día descubrió que lo agridulce de la realidad podía convertirse en una nueva inspiración si servía para cambiarla, aunque sólo fuera algunos pedacitos de la misma... las lágrimas, los temores, podían transformarse en musas literarias si ponía en ellos todos sus anhelos, todos sus pensamientos, todas sus emociones... sólo tenía que dejar que sus manos transcribiesen lo que pasaba por su cabeza y dejar que las palabras brotasen desde lo más hondo de su corazón.
Escribir sería una tarea fácil, siempre que lo hiciera desde el corazón de su mundo.
La chica a veces soñaba con ser escritora, especialmente para dar finales felices a las películas más tristes o a los cuentos inacabados. Por eso cada día inventaba un nuevo relato que no solía ocupar más de cuatro o cinco hojas de cuaderno; luego lo releía y guardaba el cuadernillo en un cajón para evitar que alguien lo leyera. Y a veces pensaba "¿cómo voy a ser escritora si no permito que nadie lea lo que escribo?" pero le avergonzaba profundamente que su familia o amigos conocieran su afición, pues aquellos personajes que su mente creaba, eran una proyección de sí misma; un reflejo de sus sentimientos, pensamientos y mayores temores.
Su increíble timidez le impedía mostrarse orgullosa de sus relatos y prefería mantenerlos ocultos y vivir siempre con el miedo de que vieran la luz... hasta que la tecnología informática entró en su vida y una pantalla y un teclado sustituyeron las hojas y los lápices y sus historias se encontraron a salvo de miradas indiscretas.
Y así fue como, gracias a su rápido mecanografiar, comenzó a escribir historias más largas y a crear personajes tan importantes para ella, que a veces sentían que formaban parte de su vida. Historias de misterio, de amor, de terror, cualquier temática tenía su lugar reservado en una carpeta llamada "trazos literarios".
Poco a poco fue venciendo su timidez y de vez en cuando, permitía que alguien leyera algún pequeño fragmento de sus obras o un simple capítulo. Las alabanzas de sus lectores le ayudaban a creerse que realmente escribía bien y poco a poco fue mostrándose orgullosa de algunos de sus mejores personajes y cuentos.
Un día, Internet y las series de culto aparecieron en su vida y descubrió un mundo completamente desconocido para ella: los fanfictions. Pequeños relatos basados en alguna serie, libro o película, que permitían a los aficionados llevar a los personajes de sus libros o series favoritas, por el camino que a ellos les hubiese gustado y que los guionistas o escritores, jamás habían planeado. Esa chica comenzó a escribir sobre personajes de otros y gracias al anonimato de la red, podía publicar sus relatos en páginas especializadas, sin temor a ponerse roja como un tomate, si sus conocidos descubrían su afición.
Así estuvo durante años, escribiendo unos relatos de ficción que ganaron algunos seguidores y cuyas buenas (y a veces malas) críticas, la animaron a no dejar nunca de escribir, unas veces con personajes prestados, otras con los suyos propios.
Y un día, la chica decidió que ya no le avergonzaba que los demás supieran de su afición y se embarcó en la tarea de crearse su pequeño rinconcito literario, un lugar donde poder expresarse libremente y echar a volar su imaginación, puesto que seguía albergando la esperanza de convertirse en una verdadera escritora algún día.
Se inició en la aventura del mundo blogueril, desde un Trastero que le permitió llegar hasta gente maravillosa, que de otro modo jamás hubiera conocido y que permitió que sus historias llegasen a continentes que jamás había pisado.
Ese Trastero fue abandonado cuando la escritura dejó de ser su pasión para convertirse en opresión, porque las musas se habían adormecido y su mente sólo era capaz de retener los sinsabores de la realidad que la rodeaba... pero un buen día descubrió que lo agridulce de la realidad podía convertirse en una nueva inspiración si servía para cambiarla, aunque sólo fuera algunos pedacitos de la misma... las lágrimas, los temores, podían transformarse en musas literarias si ponía en ellos todos sus anhelos, todos sus pensamientos, todas sus emociones... sólo tenía que dejar que sus manos transcribiesen lo que pasaba por su cabeza y dejar que las palabras brotasen desde lo más hondo de su corazón.
Escribir sería una tarea fácil, siempre que lo hiciera desde el corazón de su mundo.
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)